Al considerarlas como dos dimensiones diferentes el yang está representado como la dimensión del poder, el valor, la confianza en si mismo, la acción, la determinación, la decisión, la razón, el rigor. Por otra parte el la dimensión del yin representa la parte sensible, la interioridad, la intuición.
Se ha constatado que los hombres yang tienen su lado masculino muy marcado y el lado femenino débil, al contrario que los hombres yin. El hombre yang es seguro de su potencia, de su virilidad y se encuentra satisfecho con su polaridad masculina, se siente feliz y seguro de sí mismo, siente una gran atracción por las mujeres, ellas son conscientes de esa potencia viril y se sienten atraídas. Es un hombre decidido y audaz, sabe tomar decisiones y actuar con seguridad, su vida está volcada en un proyecto, en una pasión. Le gusta practicar deportes de equipo y competir. Cuando se trata de actividades físicas o de enfrentarse al mundo, el hombre yang es más activo que contemplativo, más organizador que artista. Le gustan los deportes que le permitan expresar su fuerza, siente placer de sentir la energía que corre por sus venas.
En el amor, el hombre yang es ardiente, fogoso, le gusta una mujer que pueda poseer con la fuerza de un semental. Sin embargo si se centra en su propio placer, tiende a objetizar a las mujeres sin ni siquiera darse cuenta de ello, esto evidentemente a ellas no les agrada, pero, aún así, se sientan atraídas por su potencia. Incluso pueden llegar a verlas como simples presas, como un instrumento de placer que reafirman su virilidad, esto le hace muy difícil el establecer una relación. De hecho, al percibir a la mujer como un objeto sexual, las clasifica de acuerdo a las partes físicas que le atraen como un imán.
No debemos pensar que esta descripción corresponda solamente a la de un macho, porque en todo hombre existe un yang latente. Por eso su propensión a objetizar a las mujeres, esta tendencia a dividirlas en partes, está siempre presente en el fondo de su psique, ya que forma parte del pedestal biológico a partir del cual está construido. Se inscribe de forma natural en su desarrollo desde la noche de los tiempos. El escollo, como siempre, sería permanecer ahí, en esa forma de funcionar repetitiva, animal, sin introducir en ella la consciencia que lo eleva y le permite alcanzar la unión de ambas partes.
El hombre yang está más que satisfecho de su condición. Desea a la mujer, se lo hace saber y si ella consiente él obtiene su satisfacción. Puesto que por su confianza en sí mismo es un seductor, ¿por qué molestarse en cambiar de comportamiento?
Se suele tomar un camino de transformación después de un evento que provoque sufrimiento, pero ¿y si no hay sufrimiento alguno?. La condición primitiva en el comportamiento del hombre, que se rige por la idea de que le gustan las mujeres porque le encanta conocerlas en la intimidad le hace propenso a pasar de puntillas en una relación.
Afortunadamente, el hombre yang suele llegar a tener una compañera, que, con frecuencia es quien se abre dentro de la relación para su transformación. Ella, desearía que él se olvidara un poco del fútbol, de los amigos, del coche, que se ocupara un poco más de ella, para ambos crear ese espacio de encuentro que es algo esencial para ella. Sin embargo esto no es fácil, porque nada le resulta más ajeno al hombre que lo que a lo femenino se refiere. Esto incluso suele darle hasta un poco de miedo. ¿Por qué
adentrarse en ese espacio extraño para él? Siente miedo a abrirse a lo femenino, piensa que perdería parte de su poder, de su virilidad.
Pero Dios, el universo, la vida multiplica las oportunidades de encuentro e intenta por todos los medios que se desprenda de su ego, de su caparazón, que no es más que una protección. Y mediante una relación, un encuentro, una sensación interior de carencia, la idea de que algo más debe haber, se abre a su interior y se desprende poco a poco de su armadura, de esas capas que le rodean, que lo limitan, y, entonces resurge, como un árbol después del invierno, como una fuente seca por la que vuelve a correr el agua. Entonces, la potencia de su lado masculino al unirse a su lado femenino adquiere sentido, al abrirse a su otra parte emerge desde lo más profundo de su ser, deja salir su verdadero yo, su alma. El poder encuentra a el amor, la fortaleza a la compasión, se transforma y da ese salto evolutivo que lo conduce a un ser más consciente.
#espiritualidad #sexualidad #YoSoy #amorverdadero #despertardeconsciencia #despertarespiritual #sexualidadsagrada
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Gracias por visitar nuestro sitio web! Nos encantaría saber tu opinión sobre tu experiencia aquí. Por favor, siéntete libre de compartir tus comentarios, sugerencias o cualquier otra cosa que quieras decirnos. Tu opinión es importante para nosotros y nos ayudará a mejorar nuestro sitio web para ti y otros visitantes. ¡Gracias de nuevo por tu tiempo y tus comentarios!